Si desarrollas tu actividad en un inmueble de tu propiedad que utilices como local u oficina (que no sea tu vivienda habitual), podrás deducirte los gastos de reparación y conservación que tengas. Recuerda que son gastos de reparación aquellos destinados a sustituir un elemento que ya estaba en el inmueble o necesarios para su correcto mantenimiento y funcionamiento.

Si desarrollas tu actividad en tu vivienda habitual, significará que tienes tu casa parcialmente afecta a la actividad económica: es decir, que sólo utilizas una parte de la casa para trabajar. En estos casos, podrás deducirte los gastos de reparación dependiendo de qué repares y el porcentaje de afectación e influencia sobre el inmueble. Si reparas algo en una habitación distinta de la que utilizas para trabajar, no podrías deducir nada, mientras que si es del baño o la cocina (lugares también esenciales dentro del desarrollo de la actividad) podrías deducirte el gasto proporcionalmente a tu porcentaje de propiedad y a la afectación a la actividad.

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