Puedes incluir todos los gastos que realmente hayas tenido en relación con el alquiler, siempre y cuando los puedas justificar. Entre los ejemplos más comunes se encuentran el IBI, la comunidad, la tasa de basuras o los suministros (si de verdad los pagas tú). Recuerda que Hacienda puede revisar tu declaración y decidir realmente qué gastos puedes incluir y cuáles no, y si no los puedes justificar con facturas y otros medios de prueba nunca podrás incluirlos.

Por otro lado, existe la especialidad de que te puedes deducir los siguientes gastos:

1\\. Los intereses y demás gastos de financiar la adquisición o mejora de la vivienda. Esto es, por ejemplo, los intereses de la hipoteca (que no el total de la hipoteca).

2\\. Los gastos de reparación y conservación del inmueble que tuviste en años anteriores, si los incluiste en tu declaración pero fueron tan altos que no pudiste restarlos todos a tus ingresos. El funcionamiento es el siguiente:
Si el año pasado tuve unos ingresos del alquiler de 6.000€, pero ese año se estropeó la ducha, tuve que cambiar las ventanas y la lavadora, y los gastos fueron de 8.000€, no me los voy a poder aplicar todos en la declaración. Como máximo podré incluir 6.000€, y los 2.000€ restantes se me guardarán para años posteriores. Ese es el único supuesto en el que podré incluir gastos de años anteriores en mi declaración de este año.

3\\. Gastos de reparación

4\\. Gastos de mejora

5\\. Amortización del inmueble

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