Si el resultado de tu declaración es a pagar, significa que tienes que pagar a hacienda.

La declaración de la renta es un ajuste de cuentas y, cuando durante el año pagas menos impuestos de los que debes, la diferencia tienes que pagarla a través de la declaración, es como si te hubiesen estado prestado dinero, solo que sin intereses y en este caso hacienda, y no un banco.

La parte positiva es que el pago lo podrás dividir en dos y sin intereses. Hacienda te cobrará el 60% del resultado el 30 de junio, y el 40% restante en noviembre. Por ejemplo, si te saliese a pagar 320,3€, pagarías 192,18€ el 30 de junio, y 128,12€ en noviembre.

Si presentas la declaración antes del 26 de junio puedes domiciliar el pago en tu cuenta (y no tener que ocuparte de nada más), o también puedes hacer el ingreso directamente en un banco que esté asociado a la Agencia Tributaria.

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